
Y no llovió más
y no hizo más frío.
Y las vísceras de la palomita blanca llegaron hasta mi,
algún hijo de puta le disparó.
Y el ramillete de laurel se prendió fuego al tocar el suelo.
Y una plumita blanca siguió flotando en el aire. Y el viento la llevó hasta el colegio que ardía en llamas y no la vi más.
Y nadie lloró por eso.
Y el mar se secó.
Y dios, que se acaba de ir puteando por enésima vez,
dejó la arena del desierto convertida en leche.
Y nadie bebió de ella a pesar del hambre.
Y no hay mas lágrimas.
¿De donde puedo sacar más para ponerla bajo mis ojos?.
Y no hay más sangre.
¿De donde puedo sacar más para ponerla en mis venas y así poder seguir adelante?
Y soy cadáver,
pero estoy vivo, pero no.
Por que quien esto ve, esta viendo el infierno.
Y no se puede ver el infierno estando vivo.
Y ya no quiero oír mas rezos inútiles.
Y ya me aburrí de ver a la gente con los brazos extendidos, suplicando hacia el cielo.
Y nadie ve.
Y ya nadie nada siente.
Pero por lo menos...
Ya no hace frío.
Ya no llueve.
Y ya nadie llora.
Nico.
1 comentario:
Es la última noche del invierno o la primera de la primavera? Si es lo último, me la trajó tu poema. Y me dejó mucho para pensar. Hasta adonde te pueden llegar las palabras en otro idiomá, me pregunto. Me las imagino en imagenes, tristes pero fuertes. Como todas las despedidas.
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